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Lo que la COVID ha enseñado a los educadores

 

 

Aun en el periodo en el que la pandemia lo detuvo todo, el conocimiento encontró sus válvulas de escape. Son tantas las modalidades, herramientas y análisis sobre el limbo coronavírico que su estudio y sistematización requieren de un diálogo abierto entre expertos. Con esa finalidad, la IBERO Puebla puso en marcha el XVIII Foro del Campo Estratégico de Acción en Modelos y Políticas Educativas (CEAMOPE) y el IX Coloquio de Investigación Educativa.

 

Los impactos de la emergencia sanitaria en el sector educativo comienzan a ser analizados a detenimiento tras 19 meses de salir y volver a entrar a las aulas. Los procesos de investigación y socialización de resultados han marchado a ritmos sin precedentes en todos los campos del saber: se multiplican las preguntas, pero también las respuestas.

 

El coloquio abordará las maneras en que la tecnología ha contribuido a flexibilizar los protocolos de indagación en favor de la celeridad y el abono al bagaje de conocimiento para resolver los problemas actuales del mundo. Sin embargo, La Dra. Lilia Vélez Iglesias, directora general Académica, advirtió que esta tendencia podría tener impactos negativos en cuanto a la postulación de conclusiones contundentes, además de propiciar prácticas cuestionables desde una mirada ética.

 

E-investigación

La interacción humana en su conjunto se vio alterada con la COVID. En el contexto educativo, la metamorfosis del “hacer escuela” ha llevado al cuerpo académico investigador a encontrar nuevas formas de llevar su quehacer diario a buen puerto. El campo se redujo a las aulas virtuales, pero las herramientas y las temáticas se diversificaron para dar alternativas al clima de crisis.

 

La primera señal es la consolidación de lo que la Dra. Cristina Perales Franco denominó la e-investigación. Recursos como la etnografía digital permiten conocer las relaciones humanas que ocurren específicamente en internet, mientras que métodos más antiguos como entrevistas y grupos focales, ambos a distancia, recobraron valor al ser las únicas alternativas de diálogo con sujetos de estudio.

 

Además, se han fortalecido las redes de colaboración entre investigadores, lo que permite elaborar trabajos más complejos y con mayor rigor profesional. Sin embargo, “los datos mediados a través de la tecnología no son los mismos que te dan los contextos generales”, pues la interlocución a través de una pantalla forzosamente modifica la experiencia con respecto a un estudio presencial.

 

Por ello, la investigadora de la IBERO Ciudad de México indicó que es necesario desarrollar un modelo que contemple las nuevas formas de interacción para reconocer límites en el proceso investigativo a distancia, así como para medir la influencia de la supresión de valores que solo brinda el encuentro cara a cara.

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