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Políticas De Las Diferencias

 

Por: Angulo Torres Melchisedech

Acerca del buen humor

Sólo en las ideas, el lenguaje encuentra suficiente fundamento en los estados de quien se expresa. Ahí es donde se dan las condiciones de posibilidad (de la experiencia real) tanto de la verdad como de la falsedad. Ya es un milagro que las proposiciones puedan participar en las ideas. A su vez que los cuerpos pueden fundar un mejor modo de lenguaje.

Obtenemos desgarradores sinsentidos de sonidos volcados sobre los cuerpos. Denunciándose así la imposibilidad de un lenguaje pre- socrático, platónico, idealista, físico, maníaco y esquizofrénico. Nos es impuesto un callejón sin salida, o consumimos lo que se dice o bien, no decimos nada. Cuando decimos la palabra bicicleta, una bicicleta pasa por nuestra boca.

Y esa idea no es más cómoda ni mejor. Cuando respondemos a la pregunta por un significado designamos un cuerpo que muestra un objeto consumible, imitable. En lugar de alcanzar las esencias nos contentamos con poner ejemplos. Ya no se trata de quién es justo sino de qué es lo justo. Mostramos, designamos cuando se nos interroga acerca de una significación

Con Platón, planteamos mal su problema: quebrando lo que se muestra, consumiendo, simularemos e imitaremos lo que designamos. Es importante la velocidad en la acción. Designamos rápidamente algo que consumimos, quebramos o descubrimos. Y ello significa a la idea que sustituimos, a la que éramos exhortados a encontrar.

Una inspiración extraña es precisa. El humor está con la ironía y contra ella. Precisamente por que toda destrucción es la prolongación de la designación. Este es un movimiento que no puede detenerse, como si se tratara de romper todo lo que mostramos. Por lo tanto el lenguaje no puede fundarse en la significación ni en la designación.

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