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Tecnologías deben conducir a una telenutrición ética y redituable: especialista

 

 

El encierro obligado y prolongado para mitigar la propagación del coronavirus obligó a la migración digital de muchas ocupaciones sociales. Los sistemas de teletrabajo de corte ejecutivo y la educación a distancia han visto la consolidación de años de esfuerzos para la adaptación a estos formatos. Por su parte, ámbitos como la salud clínica han empezado a responder favorablemente a estos cambios.

 

La telemedicina es un proceso en el que se hace monitoreo de un paciente a distancia, lo que permite tener un acervo digital de los expedientes médicos y una interacción en tiempo real. Se trata de la prestación de servicios de salud de forma no presencial mediante el uso de tecnologías de la información y comunicación.

 

Como esclareció la LNCA. Lucía Chávez Aguirre durante una plática para las Universidades Jesuitas, la telesalud busca utilizar estrategias educativas para respaldar la atención clínica. A diferencia de las consultas a distancia, los procesos de comunicación de la telesalud no son interactivos, sino que condensan conocimientos y recomendaciones generales para uso del público general.

 

En el contexto actual, tanto la telemedicina como la salud a distancia han comenzado a ser reguladas desde el ámbito legal para el cumplimiento de estrictos parámetros sanitarios y el manejo responsable de datos personales. El proceso jurídico se encuentra en sus primeros pasos en países como Estados Unidos; en México, el tema no ha sido abordado a profundidad.

 

Derivado de estos modelos ha surgido la telenutrición, que consiste en la administración del proceso de atención nutricional de manera remota y en apego a las leyes estatales. Debido a las competencias necesarias para su ejercicio, algunos estados de la Unión Americana demandan que los proveedores de servicios de nutrición a distancia cuenten con certificaciones especiales.

 

La nutrición, aseguró la activista Chávez Aguirre, es una disciplina fundamental para la prevención y el tratamiento de trastornos alimenticios. A través del Proceso de Atención Nutricional (PAN), el profesionista realiza un diagnóstico para iniciar una intervención estratégica y monitoreada que, en un plazo establecido, permita evaluar los progresos del paciente.

 

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