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Textos Sociales Y Otros Escritos

 

Por: Angulo Torres Melchisedech

Los recorridos en las bibliotecas

El tiempo que realmente nos interesa no cabe en un sistema de medición. Requerimos de un despliegue por parte del espacio para colocar ahí nuestra acción y las existencias. Muchas veces, en tan solo un año no cabe todo lo que quisiéramos fundar. Las historias correspondientes a un determinado pasado se la juegan con los límites en los recuerdos.

Es impaciente el rechinido del rememorar. Acontecimientos desbordantes para un segundero. El reloj que le llega a obsequiar un padre a su hijo es un tesoro invaluable dentro de la orden del tiempo. Se hace método de ejercicio, punto de orientación y libreta de notas. Lo que mueve los recuerdos de los ángeles es la acción de los hábitos entre los ciudadanos.

Los altares y los escritorios también son trincheras, suelos firmes donde se descansa de las luchas y las cuestiones aún no resueltas. Hay libros que también se pueden leer del final al principio, y otros en el orden que se prefiera. Los enunciados pueden ser pretensiones de valides o distorsionados de la realidad, hay mapeos muy antiguos del escribir.

Elevaciones, trazos de líneas infinitas, santuarios ocultos, giros y saltos armónicos, arrítmicos, pliegues de sonidos axiomáticos, declaraciones, ideales y todo tipo de creaciones menores, como literatura mayor. Tomar apuntes es asumir que un curso implica emoción. Es todo un rito que transmite tonalidades y afectividades.

Ya no un teatro, sino una fábrica de conocimiento. Talleres donde se producen personajes conceptuales. Historias, disertaciones y manifiestos filosóficos. Andamos por un pasillo concurrido donde se experimenta con la luz y con los reflejos, y nos colamos en niveles desconocidos, donde solo puede alumbrarnos una lámpara, hacia el encuentro con otro acceso.

Si diferenciamos la elevación de las construcciones y las esencias de los salones, no obtendremos los mismos resultados. Subimos los escalones que son precisos aunque parezca incómodo. Antes, seguramente en alguna época, en esas escaleras se veían feroces águilas, leones y, habían dragones labrados en los barandales.

 

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