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Depredadores emocionales

 

Un depredador emocional no es solo una persona tóxica, es alguien que maltrata, pero en silencio, con acciones agresivas sin ser violentas y además lo hace con una amplia sonrisa.

Si alguna vez te has preguntado la razón de ser víctima de una persona tan “buena” y “linda”, pero que te hace sentir mal y poco a poco consigue que te sientas con baja autoestima cuando no es tu caso, quizá estés frente a un depredador. Además, te deja con la sensación de culpa por pensar mal de él o ella al grado de creerte mala persona. No te explicas lo que ocurre porque muestra una cara y te trata de otra, tergiversa la realidad a modo que genera esa culpa inexplicable. Si te ocurre esto, el depredador está logrando aniquilarte y no te das cuenta. Los depredadores tienen la habilidad de dejarte mal con sus comentarios y sus acciones aparentemente inocentes.

Se dirigen a los más fuertes, los más aptos, los que tienen éxitos y atraen naturalmente a los demás. Este tipo de personas se vuelven irresistibles y apetitosos para sus fines. No se fijan en los más débiles porque estos no representan un reto y no hay tanto que “hurtar”. Hay un dicho popular español que los ejemplifica: “El lobo que caza conejos, no se decide por el más flaco”.

Un depredador emocional es una persona peligrosa porque no se muestra abiertamente nociva, “tira la piedra y esconde la mano”. Se esconde en una personalidad optimista, generosa bondadosa, con vitalidad y hasta con fuerza espiritual, pero no son características propias, las actúan y entonces, ven al que sí las tiene como presas para “robarles” un poco de eso. Esta forma de actuar los hace pasar inadvertidos y de difícil detección. Los grupos en donde se desenvuelven son percibidos como peligrosos porque saben todos que hay un maltrato sentido que no se puede denunciar porque no hay evidencia de nada, y, por lo tanto, no hay defensa que valga.

¿Cómo se forman los depredadores?, son niños que nacen con todas las emociones bonitas y positivas, pero durante la infancia, desarrollaron demasiado protagonismo, quisieron ser número uno en todo y para todos; cuando veían que otros poseían algo de eso que ellos buscaban generaron celos y envidia a gran escala que reprimieron para no perder aceptación. Como defensa aprendieron a imitar lo que le gusta a los demás para acercarse a ellos y absorber eso que tienen con la seducción como estrategia. Son personas que seducen de tal forma que son capaces de cambiar el maltrato abierto por un maltrato por “debajo del agua”, hasta desmoronar a la víctima, y confundirla hasta el punto de no saber qué pasó. Encuentran sus puntos débiles y los manejan a modo de volverlos contra la víctima y dejarla sin respuesta.

Frases como “me dijo tantas veces que no valgo nada que terminé creyéndomelo”, son el resultado del éxito de un depredador: roba todo lo positivo que ve en otros para mantener su nivel de energía porque no es capaz de generarlo por sí mismo.

Si una persona tiene la habilidad de hacerte sentir mal con su compañía, sus comentarios o sus acciones, pero al mismo tiempo, no puedes separarte de ella, ¡cuidado!, puedes estar frente a un depredador.

 

 

Tu amiga y colega de vida. Lourdes Arriaga.

Me encuentras en Facebook como @Psicologa Lourdes Arriaga. Y en www.lourdesarriaga.com

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