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MUNDO INVISIBLE

Hola queridos amigos, pues sí, el año 2019 llegó a su fin y es hora de hacer un recuento de los daños. Diciembre es el mes de las alegrías, las despedidas, el aguinaldo, los abrazos y buenos deseos pero sobre todo de la navidad y con ella invariablemente pensamos en los convivios, las cenas y las posadas. Así como de esos deliciosos manjares navideños. La pierna, el pavo, el bacalao, los chipotles rellenos, la ensalada de manzana, el ponche, los mazapanes sevillanos, la piñata y su tentador relleno, los buñuelos y los aguinaldos. Es muy difícil resistir estas tentaciones y dejar de comer o tratar de continuar con una dieta. Sin embargo recordemos que todos los excesos son malos y que aunque no queríamos terminar como tamalitos en este enero y empezar el año dando el botonazo, ya sucedió. Nuestro peso es un reflejo fiel de lo que comemos y el ganar peso depende de simples cálculos matemáticos, cuántas calorías ingerimos a través de los alimentos y cuántas calorías quemamos mediante la actividad física. Si comemos más calorías de las quemamos, pues lástima ya valimos, si quedamos tablas, ya la hicimos y no aumentaremos de peso a pesar de todo, y si finalmente gastamos más energía de la que consumimos a través de los alimentos, pues entonces sí que podemos pecar. Nuestro cuerpo es ahorrativo en el aspecto energético, por ello todo lo que consumimos en exceso en forma de carbohidratos o de grasa, nuestro hígado se encarga de metabolizarlo y transformarlo en grasas, las cuales se almacenan en forma de gotitas de grasa que rellenan a nuestras células adiposas y van a dar directito a esas llantitas coquetas que hacen parecer como si trajéramos un salvavidas puesto. Nuestro cuerpo almacena grasa debido a que un gramo de grasa almacenada da el doble de energía que un gramos de un carbohidrato o azúcar almacenado, así le reditúa más a nuestro cuerpo almacenar grasita. Se dice que a lo largo de nuestra vida, se incrementará el número de adipocitos durante el primer año de vida, después como a los 7-8 años y durante la adolescencia y después nos quedamos con un número contante de adipocitos, los cuales iremos retacando de grasa a lo largo de nuestra vida. Pobrecitas de nuestras células adiposas imagínense como acaban todas deformes y con cara de ¡ya párale tragaldabas! Pero ¿por qué esa idea obsesiva de nuestro cuerpo de almacenar grasa? Pues todo se remonta a nuestro pasado nómada, sí esa época en la que los humanos tenían que cazar para comer y en la que no se comía a diario, sino cada cuando el jefe de familia se la resurtía y arriesgando el pellejo, cazaba un animal que servía para alimentar a toda la prole. Entonces nuestro cuerpo entraba en un estado de eficiencia metabólica y cada gramo de carbohidratos o azúcares era exprimido al máximo, se obtenía la energía necesaria y el resto se almacenaba en forma de grasita. Se desarrollaron habilidades entre los individuos como fue la capacidad de sobrevivir aún sin ingerir alimentos diarios. Los paisanitos son bastante efectivos en aquello de la eficiencia metabólica, el único problemita es que ahora sí comemos a diario y por ello engordamos de lo lindo. Bueno pues así las cosas esa ventaja que nos permitió sobrevivir ahora es un punto en nuestra contra ya que nos hace más vulnerables a sufrir de sobrepeso, obesidad y diabetes, la neta qué malas jugadas del destino. Pero el sobrepeso o la obesidad no solamente son el producto de ese desequilibrio calórico, existen otros factores que influyen de manera decisiva, las cuestiones genéticas, el estilo de vida y sí, las malas influencias esos “amiguis que se la pasan invitándonos a la comedera, los medios de comunicación que hacen que caigamos en tentación y sobre todo la flojera que hace que nos volvamos sedentarios y que nos dé pereza hacer alguna actividad física. Bueno pues les deseo lo mejor para este año 2020 y que sean felices.

 

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