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Textos sociales y otros escritos

 

Por: Angulo Torres Melchisedech

La percepción delimitada de las imágenes en el alma y la relación del cuerpo con la materia.

El cuerpo (siempre) está orientado a la acción. Éste limita el espíritu de la vida. Sólo hay selección en relación a la representación. El estado intelectual es de otra naturaleza. Nuestra acción es medida por la percepción, se trata de una acción virtual sobre las cosas, una preparación del movimiento. La función del cuerpo es la de elegir, hay una situación final que se esclarece complementada por el útil recuerdo, tan distinto como eficiente, pero siempre en el presente. La experiencia en el pasado parte de lo particular a lo general ya que los recuerdos son tan diferentes que coinciden con una posición actualizada y porque las representaciones no son delimitadas por la percepción. Todo ocurre en la imaginación porque se deja cierto margen a la fantasía a diferencia de los animales que están atados a una materialidad, he ahí una de varias libertades que el espíritu se atribuye con la naturaleza. La ley fundamental de la vida psicológica es la orientación de la conciencia hacia la acción. Ahí se encuentra la definición del papel del espíritu en la vida del cuerpo. El problema es el de la unión del cuerpo con el alma ya que distinguimos profundamente el espíritu de la materia, a través de la afirmación, de la actividad. La percepción nos colocaría en la materia, penetrando ya en el espíritu con la memoria. La comparación que revela la distinción entre espíritu y materia es la que nos hace unirlos. Ni idealismo ni materialismo. El estado cerebral es infinitamente atravesado por la percepción. A su vez, la representación es desbordada por la materia a través de una inteligente elección. Un verdadero don de la creación es atribuido al espíritu y al cuerpo. Hay una pretensión de que la representación es engendrada por el cerebro y de que el plan de la naturaleza es engendrado por el entendimiento. Facultad de la oposición lógica de la distinción, teoría de la disociación, más no construcción, ni creación. Las cosas participan de la naturaleza de nuestra percepción formando parte de las cosas por medio de la percepción. La representación pues, se asemeja a la extensión, es ahí donde el cuerpo es a lo extenso lo que el pensamiento al alma. Segmentamos el estado cerebral del recuerdo puro. La memoria se deriva de la materia ya que ocupa cierta duración en una percepción concreta. El empirismo desatiende las relaciones. Sustituye la verdadera experiencia por una desnaturalizada. Es por ello que el espíritu no puede satisfacer al empirismo. El dogmatismo busca su solución en las vías que el empirismo ha trazado. La última palabra la tiene una crítica filosófica que tenga el fondo de las cosas por inaccesible al espíritu y por relativo todo conocimiento. Tal es el efecto del pensamiento filosófico puesto en marcha. Terminamos por renunciar a la construcción por partir de lo que creemos que es la experiencia. Buscamos la experiencia, propiamente lo que deviene la experiencia humana. La impotencia de una inteligencia esclavizada es la impotencia de de una especulativa razón que necesita de la vida corporal y se ejercita sobre una materia ya desorganizada. Restableceríamos la intuición en su primera pureza y retomaríamos contacto con lo actual. La tarea es determinar la diferencia partiendo de su función. MD

 

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